El 27 de marzo rezamos el Vía Crucis a los pies de nuestra Madre, la Virgen de Luján.
Mientras acompañamos a Jesús en el camino de la cruz, le presentamos nuestras intenciones, dolores y cargas, confiando en su infinita misericordia.
Este Vía Crucis en la Basílica nos regaló un profundo momento de encuentro: con Dios, con los demás y con nosotros mismos. La presencia de cada uno hizo de esta experiencia un verdadero gesto de fe y unidad.








